Pidieron monitoreos, ahora páguenlos
Alguien le debería decir al Senado que lo barato sale caro y que se cometió un error muy grande al rechazar la ampliación de presupuesto que pidió el Instituto Federal Electoral para cumplir con sus nuevas obligaciones.
¿Por qué? Porque el IFE se las va a tener que ingeniar para medio sacar adelante su chamba con lo poco que le autorizaron y el resultado, obviamente, va a estar lleno de errores que posteriormente se van a prestar para desprestigiar todavía más a esa institución.
Por si usted no sabe nada de esto, déjeme lo pongo en antecedentes: El año pasado, con todo y que le tupieron, al IFE se le encomendaron nuevas funciones.
Una de ellas y tal vez la más delicada, es la de monitorear los medios electrónicos de comunicación para detectar qué partido está usando más minutos de los autorizados en los famosos tiempos oficiales que tanto se han discutido en tantas partes.
Deje usted que el IFE se vaya a transformar en una nueva inquisición dedicada a canalizar los rencores de nuestros políticos, monitorear los medios de comunicación no es cualquier cosa.
¿Por qué? Porque es una de las actividades más caras de la investigación, porque no cualquiera puede hacerla y porque un dato que se maneje mal podría ocasionar una catástrofe tremenda.
¿Por qué el monitoreo es caro? Usted nada más póngase a pensar en la cantidad de medios electrónicos que hay en todo nuestro país.
Únicamente para monitorear bien un solo canal se necesitan varios turnos de analistas, un listado de equipo monumental, una cuenta de electricidad supercostosa y un paquete de aparatos paralelos para respaldo y resguardo.
Y en México no sólo hay un canal de televisión o una estación de radio. Hay decenas.
Monitorear no es nada más aplastarse frente a una pantalla a matar el tiempo, es una profesión que requiere de bastante atención y cuidado en los detalles.
Cualquier distracción que se tenga puede echar a perder un dato, ya no se diga si a la hora de medir tiempos a alguien se le va un segundo de más o de menos, o si alguien considera que determinada mención es tiempo oficial, un anuncio disfrazado o libertad de expresión.
Por eso le digo que es una actividad que no cualquier puede realizar. Se necesita personal que maneje los mismos parámetros, que sepa reaccionar cuando sea necesario, que tenga criterio, que no esté ni a favor ni en contra de una persona o una agrupación.
La pura capacitación de este ejército nacional de analistas es una labor titánica.
¿Qué le trato de decir cuando le menciono eso de que cualquier error pudiera ocasionar una catástrofe tremenda?
Que si alguno de los mecanismos de monitoreo del IFE reporta algo que no sea cierto o que no se pueda comprobar reporte por reporte, testigo por testigo, se podría caer en situaciones que dañen a alguien, a algún partido o al mismísimo instituto.
En asuntos de investigación no se puede ni jugar ni experimentar, menos cuando de la información que se obtenga depende buena parte de la estabilidad política de nuestra nación.
El caso es que para hacer bien un monitoreo tan amplio, minucioso y profesional como el que ahora está obligado a hacer el IFE se necesita algo más que un grupo de 15 estudiantes de comunicación que estén haciendo su servicio social, se necesitan muchos recursos.
Lo chistoso de esta historia es que las autoridades que determinaron que el IFE tenía que monitorear medios jamás pensaron en que eso pudiera costar, mucho menos que eso pudiera costar una fortuna.
¿Y quién le va a dar ese dinero al IFE? Pues nosotros para que a partir de este año se diga que la democracia mexicana, que ya era particularmente cara a nivel mundial, aumentó todavía más de precio.
Aquí de lo que se trata ya no es de discutir si el IFE va a monitorear o no a los medios. Lo tiene que hacer. Es su nueva obligación. De lo que se trata es de cuestionar cómo lo va a hacer bien considerando que, en el último minuto, el Senado no autorizó el presupuesto que se le estaba solicitando.
En resumen, aquí se va a generar un nuevo escándalo con el tema de los monitoreos, porque no se van a hacer como se debiera y, ya ve, eso le pasa a nuestras autoridades por desconfiadas.
Tan fácil que hubiera sido hacer bien las cosas. ¿A poco no?
Álvaro Cueva - 19
¿Por qué? Porque el IFE se las va a tener que ingeniar para medio sacar adelante su chamba con lo poco que le autorizaron y el resultado, obviamente, va a estar lleno de errores que posteriormente se van a prestar para desprestigiar todavía más a esa institución.
Por si usted no sabe nada de esto, déjeme lo pongo en antecedentes: El año pasado, con todo y que le tupieron, al IFE se le encomendaron nuevas funciones.
Una de ellas y tal vez la más delicada, es la de monitorear los medios electrónicos de comunicación para detectar qué partido está usando más minutos de los autorizados en los famosos tiempos oficiales que tanto se han discutido en tantas partes.
Deje usted que el IFE se vaya a transformar en una nueva inquisición dedicada a canalizar los rencores de nuestros políticos, monitorear los medios de comunicación no es cualquier cosa.
¿Por qué? Porque es una de las actividades más caras de la investigación, porque no cualquiera puede hacerla y porque un dato que se maneje mal podría ocasionar una catástrofe tremenda.
¿Por qué el monitoreo es caro? Usted nada más póngase a pensar en la cantidad de medios electrónicos que hay en todo nuestro país.
Únicamente para monitorear bien un solo canal se necesitan varios turnos de analistas, un listado de equipo monumental, una cuenta de electricidad supercostosa y un paquete de aparatos paralelos para respaldo y resguardo.
Y en México no sólo hay un canal de televisión o una estación de radio. Hay decenas.
Monitorear no es nada más aplastarse frente a una pantalla a matar el tiempo, es una profesión que requiere de bastante atención y cuidado en los detalles.
Cualquier distracción que se tenga puede echar a perder un dato, ya no se diga si a la hora de medir tiempos a alguien se le va un segundo de más o de menos, o si alguien considera que determinada mención es tiempo oficial, un anuncio disfrazado o libertad de expresión.
Por eso le digo que es una actividad que no cualquier puede realizar. Se necesita personal que maneje los mismos parámetros, que sepa reaccionar cuando sea necesario, que tenga criterio, que no esté ni a favor ni en contra de una persona o una agrupación.
La pura capacitación de este ejército nacional de analistas es una labor titánica.
¿Qué le trato de decir cuando le menciono eso de que cualquier error pudiera ocasionar una catástrofe tremenda?
Que si alguno de los mecanismos de monitoreo del IFE reporta algo que no sea cierto o que no se pueda comprobar reporte por reporte, testigo por testigo, se podría caer en situaciones que dañen a alguien, a algún partido o al mismísimo instituto.
En asuntos de investigación no se puede ni jugar ni experimentar, menos cuando de la información que se obtenga depende buena parte de la estabilidad política de nuestra nación.
El caso es que para hacer bien un monitoreo tan amplio, minucioso y profesional como el que ahora está obligado a hacer el IFE se necesita algo más que un grupo de 15 estudiantes de comunicación que estén haciendo su servicio social, se necesitan muchos recursos.
Lo chistoso de esta historia es que las autoridades que determinaron que el IFE tenía que monitorear medios jamás pensaron en que eso pudiera costar, mucho menos que eso pudiera costar una fortuna.
¿Y quién le va a dar ese dinero al IFE? Pues nosotros para que a partir de este año se diga que la democracia mexicana, que ya era particularmente cara a nivel mundial, aumentó todavía más de precio.
Aquí de lo que se trata ya no es de discutir si el IFE va a monitorear o no a los medios. Lo tiene que hacer. Es su nueva obligación. De lo que se trata es de cuestionar cómo lo va a hacer bien considerando que, en el último minuto, el Senado no autorizó el presupuesto que se le estaba solicitando.
En resumen, aquí se va a generar un nuevo escándalo con el tema de los monitoreos, porque no se van a hacer como se debiera y, ya ve, eso le pasa a nuestras autoridades por desconfiadas.
Tan fácil que hubiera sido hacer bien las cosas. ¿A poco no?
Álvaro Cueva - 19
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